Xabi Larrañagak, Noticias-en
tiraka 2009-03-28 @ 18:28
Asimilatuak, asimilatzaileak eta Mayor Orejatarren "ikuspegi" handia
Se lo explicó hace dos décadas el escritor israelí Aharon Appelfeld al estadounidense Philip Roth, en una entrevista magistral. De pequeño, en Czernowitz, su ciudad natal rumana, sus padres le prohibían hablar yiddish en casa. Fuera de ella, sólo se lo permitían cuando era necesario para comunicarse con sus vecinos. Se crío en un entorno burgués donde la lengua alemana era señal de gran civilización y clase alta.
Su familia pasab alos veranos en un balneario donde no se hablaba yiddish, y si por desgracia había judios, eran parecidos a ellos: asimilados. Desde ninño le enseñaron a fijarse en los no judíos y a imitarlos. Con tal fuerza le inculcaron ese desprecio hacia su propia cultura, que cuando llegó a Tel Aviv en 1946, huérfano tras huir de Auschwitz, se empeñó en estudiar hebreo por una razón paradójica: quería escapar de sus recuerdos, de su carácter judío, y el hebreo sonaba especialmente gentil a sus oídos. Como él, muchos supervivientes del Holocausto abrazaron la lengua de Israel porque les parecía muy poco judía en comparación con el yiddish. Casi diríamos que aprendieron hebreo para dejar por fin de ser judíos.Aharon Appelfeld ha reflexionado sobre ese nefasto autoodio, el antisemitismo dirigido hacia uno mismo. Y confiesa que necesitó mucho tiempo para acercarse al hombre que llevaba dentro y rechazar esa vieja dolencia judía de considerar reprobable todo lo judío.
Hoy les cuento esto porque he leído unas declaraciones de Jaime Mayor Oreja, ya ven qué salto intelectual. Afirma el político donostiarra:
"Mi bisabuelo, de Ibarrangelua, tuvo la enorme visión de prohibir hablar el vasco en casa y que sus hijos estudiasen fuera y no trabajaran allí. De no ser así, si yo siguiera en aquel pueblo, quizás sería abertzale y, probablemente, me detestaría a mí mismo".
Enorme visión, pues. Y así nos va.
Judutarren antzera, eta Mayor Orejaren etxean bezala, Euskal Herriko etxe askotan autogorrotoa, eta ondorioz euskararekiko erdeinua, sarri ikusi ditugu, eta ikusten da oraindik, Nafarroan eta Iparraldean bereziki. Inkulturaren eta norbere burua ez estimatzearen ondorio zuzena. On Jaimeren kasuan gainera, harrokeria eta ergelkeria landua gehitzen zaizkio.
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